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Cuando el cerebro no se da cuenta: anosognosia en el Alzheimer y el deterioro cognitivo leve

Autora: Ane Martínez Oficialdegi

Cuando un familiar empieza a olvidar cosas, repetir preguntas o tener más dificultades para organizarse, lo esperable es que también lo note. Pero en muchas familias ocurre lo contrario: la persona insiste en que “está bien”, minimiza los errores o se enfada si alguien se los señala.
Esto puede generar discusiones, frustración y culpa: “¿Por qué no lo reconoce?” o “¿Lo hace a propósito?”

En muchos casos, no es terquedad ni falta de voluntad. Es un síntoma neurocognitivo llamado anosognosia, frecuente en la enfermedad de Alzheimer (EA) y también presente en algunas personas con deterioro cognitivo leve (DCL) (Jordán de Urríes et al., 2026; Hallam et al., 2020).

En este artículo te explicamos, de forma clara y útil, qué es la anosognosia, por qué ocurre, cómo afecta a la vida diaria y qué estrategias ayudan a convivir mejor con ella.

¿Qué es la anosognosia?

La anosognosia es la dificultad para reconocer (total o parcialmente) los propios cambios cognitivos o funcionales. En la práctica, significa que la persona puede tener fallos reales (memoria, atención, organización, manejo del dinero, medicación, etc.) sin ser plenamente consciente de ellos.

Algunas claves importantes:

  • No es “todo o nada”: puede haber conciencia en unas áreas y poca conciencia en otras (Hallam et al., 2020). 
  • Puede fluctuar: hay días con más lucidez y otros con menos. 

No siempre es negación: a veces existe un componente emocional (evitación, miedo, vergüenza), pero en la anosognosia hay una base neurobiológica que afecta a los sistemas de autoevaluación (G. P. Prigatano, B. Russell, & K. Meites, 2024).

¿Por qué ocurre?

Para “darnos cuenta” de nuestros errores, el cerebro necesita monitorizar el rendimiento, comparar lo que creemos que hacemos con lo que realmente pasa, y actualizar esa información.
En el Alzheimer y en algunos perfiles de DCL, pueden alterarse redes cerebrales implicadas en:

  • autorreferencia y “mirarse por dentro” (procesamiento autorreferencial), 
  • control ejecutivo y corrección de errores, 
  • integración emoción–cognición. 

Las revisiones de neuroimagen señalan asociaciones consistentes entre anosognosia y cambios en regiones frontales, cinguladas e insulares, entre otras (Hallam, et al., 2020; Mondragón et al., 2019).

¿Cómo se manifiesta en el día a día?

Algunas señales típicas:

  • Minimiza dificultades (“eso nos pasa a todos”). 
  • Atribuye los fallos a causas externas (ruido, estrés, otros). 
  • Rechaza ayuda o se molesta con recordatorios. 
  • Asume actividades de riesgo (conducir, gestionar medicación o finanzas) sin ver el peligro. 
  • Se sorprende cuando aparecen consecuencias (citas perdidas, pagos duplicados, conflictos). 

En DCL, puede aparecer de forma más sutil: la persona nota “algo”, pero subestima el impacto real, o no conecta los errores con un cambio cognitivo. En un estudio longitudinal con personas con DCL del proyecto ADNI, aproximadamente un 16% mostró un perfil compatible con anosognosia, y este grupo tendía a presentar más biomarcadores compatibles con patología Alzheimer y mayor riesgo de progresión clínica (Wang et al., 2024).

¿Qué dice la ciencia?

La evidencia reciente destaca cuatro ideas clave:

1) No es un detalle menor: cambia el pronóstico funcional
La anosognosia se asocia a mayor dificultad para adherirse a apoyos y a comportamientos menos seguros, aumentando la dependencia y la necesidad de supervisión (Jordán de Urríes Bonal et al., 2026).

2) Se relaciona con síntomas conductuales y emocionales
En DCL, la presencia de anosognosia se ha vinculado con mayor frecuencia y aparición más temprana de algunos síntomas neuropsiquiátricos (p. ej., agitación, desinhibición, apatía, irritabilidad), lo que complica la convivencia y el manejo clínico (Wang et al., 2024; Jordán de Urríes Bonal et al., 2026).

3) Aumenta la carga del cuidador (y el coste en tiempo y recursos)
En Alzheimer, estudios longitudinales han observado que la anosognosia se asocia a más horas de cuidado, más uso de recursos de apoyo y mayor probabilidad de institucionalización, incluso controlando la gravedad (Oriol et al., 2016).

4) Necesitamos medirla bien (y no asumirla)
Las revisiones subrayan que hay muchos métodos distintos para evaluarla (entrevista clínica, discrepancia paciente–familiar, predicción de rendimiento), y que estandarizar la evaluación mejora la intervención y reduce conflictos (Hallam et al., 2020; Jordán de Urríes Bonal et al., 2026).

Claves para entenderla (y convivir mejor)

Si tu familiar “no lo ve”, discutir para convencerle suele empeorar la relación. Estas estrategias suelen ayudar:

  1. No discutas con el síntoma
    Cambiar “no te enteras” por “vamos a hacerlo de una forma más fácil para ti y para mí”. 
  2. Validación + redirección
    “Entiendo que tú te sientas bien. Aun así, para ir tranquilos, lo organizamos así…” 
  3. Apoyos sin etiqueta
    Alarmas, pastilleros, listas y rutinas presentadas como “comodidad” (no como control). 
  4. Seguridad primero
    Si hay riesgo (conducción, medicación, fugas, dinero), conviene una valoración profesional y un plan claro, aunque la persona no perciba el problema. 

Cuidar al cuidador no es un extra
La anosognosia incrementa carga y estrés. Pedir apoyo (familia, recursos, terapia, psicoeducación) es parte del tratamiento (Turró-Garriga et al., 2016).

Conclusión:

La anosognosia puede ser uno de los aspectos más duros del Alzheimer y del DCL: no solo por los olvidos, sino porque cambia la forma en que la persona se relaciona con sus propios límites.
Entenderla como un síntoma neurocognitivo (y no como una actitud) permite bajar el nivel de culpa y conflicto, mejorar la comunicación y priorizar la seguridad.

Si estás viviendo esta situación en casa, no tienes por qué gestionarlo solo/a: con buena evaluación, estrategias prácticas y apoyo al cuidador, la convivencia puede mejorar.

¿Te interesa aún más el tema?

Te invitamos a explorar las referencias citadas a lo largo de este texto, ya que son una valiosa fuente de conocimiento. Ahí hay mucha información interesante que te puede ayudar a entender todo mejor. Cada uno de estos artículos trae consigo ideas y perspectivas que seguro te van a hacer pensar. Así que, ¡no dudes en echarles un vistazo!

  • Conde-Sala, J. L., Reñé-Ramírez, R., Turró-Garriga, O., Gascón-Bayarri, J., Juncadella-Puig, M., Moreno-Cordón, L., Viñas-Diez, V., & Garre-Olmo, J. (2013). Clinical differences in patients with Alzheimer’s disease according to the presence or absence of anosognosia: Implications for perceived quality of life. Journal of Alzheimer’s Disease, 33(4), 1105–1116. https://doi.org/10.3233/JAD-2012-121360Gerretsen, P., Chung, J. K., Shah, P., Plitman, E., Iwata, Y., Caravaggio, F., Nakajima, S., Pollock, B. G., Graff-Guerrero, A., & Alzheimer’s Disease Neuroimaging Initiative. (2017). Anosognosia is an independent predictor of conversion from mild cognitive impairment to Alzheimer’s disease and is associated with reduced brain metabolism. Journal of Clinical Psychiatry, 78(9), e1187–e1193. https://doi.org/10.4088/JCP.17m11545

    Hallam, B., Chan, J., Gonzalez Costafreda, S., Bhome, R., & Huntley, J. (2020). What are the neural correlates of meta-cognition and anosognosia in Alzheimer’s disease? A systematic review. Neurobiology of Aging, 94, 250–264. https://doi.org/10.1016/j.neurobiolaging.2020.06.011

    Jordán de Urríes Bonal, P., Ramos Campos, F., & Jordán de Urríes Vega, F. de B. (2026). Anosognosia en la enfermedad de Alzheimer y el deterioro cognitivo leve: Una revisión sistemática. Revista Iberoamericana de Neuropsicología, 9(1), 35–50.

    Latgé-Tovar, C. F., Berrios-Morales, P., Smith, J. A., Wang, J., Satler, A., Gagnon, L., Mares, M. A., & Werner, P. (2024). The use of virtual reality as a perspective-taking manipulation to improve self-awareness in Alzheimer’s disease. Frontiers in Aging Neuroscience, 16, 1376413. https://doi.org/10.3389/fnagi.2024.1376413

    Mondragón, J. D., Maurits, N. M., & De Deyn, P. P. (2019). Functional neural correlates of anosognosia in mild cognitive impairment and Alzheimer’s disease: A systematic review. Neuropsychology Review, 29(2), 139–165. https://doi.org/10.1007/s11065-019-09410-x

    Prigatano, G. P., Russell, B., & Meites, K. (2024). Studying lack of awareness of cognitive decline in neurodegenerative diseases requires measures of both anosognosia and denial. Frontiers in Aging Neuroscience, 15, 1325231. https://doi.org/10.3389/fnagi.2023.1325231

    Turró-Garriga, O., Garre-Olmo, J., López-Pousa, S., Vilalta-Franch, J., Reñé-Ramírez, R., & Conde-Sala, J.-L. (2014). Abridged scale for the screening anosognosia in patients with dementia. Journal of Geriatric Psychiatry and Neurology, 27(3), 220–226. https://doi.org/10.1177/0891988714527515

    Turró-Garriga, O., Garre-Olmo, J., Reñé-Ramírez, R., Calvó-Perxas, L., Gascón-Bayarri, J., & Conde-Sala, J.-L. (2016). Consequences of anosognosia on the cost of caregivers’ care in Alzheimer’s disease. Journal of Alzheimer’s Disease, 54(4), 1551–1560. https://doi.org/10.3233/JAD-160419

    Wang, S., Mimmack, K., Cacciamani, F., Elnemais Fawzy, M., Munro, C., Gatchel, J., Marshall, G. A., Gagliardi, G., & Vannini, P. (2024). Anosognosia is associated with increased prevalence and faster development of neuropsychiatric symptoms in mild cognitive impairment. Frontiers in Aging Neuroscience, 16, 1335878. https://doi.org/10.3389/fnagi.2024.1335878