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Astenia primaveral: por qué te sientes más cansado en primavera y qué puedes hacer

Autora: Maitane Expósito Corrales

¿Notas más cansancio, apatía o falta de concentración cuando llega el buen tiempo?

Con la llegada de la primavera, los días se alargan, las temperaturas aumentan y el entorno se vuelve más luminoso y activo. Sin embargo, lejos de experimentar un aumento inmediato de energía, muchas personas refieren justo lo contrario: una sensación persistente de cansancio, apatía o dificultad para concentrarse.

Este fenómeno, conocido como astenia primaveral, es relativamente frecuente y responde a un proceso de adaptación del organismo a los cambios estacionales. No se trata de una enfermedad, sino de un estado transitorio que suele resolverse de forma espontánea.

La astenia primaveral aparece como consecuencia de un reajuste interno. El cuerpo humano está regulado por ritmos biológicos, especialmente el ritmo circadiano, que sincroniza funciones como el sueño, la energía o la secreción hormonal con los ciclos de luz y oscuridad.

Cuando llega la primavera, este equilibrio se ve alterado por varios factores que actúan de forma simultánea y que obligan al organismo a adaptarse en un corto periodo de tiempo.

El papel de las horas de luz; vitamina D y exposición solar

Uno de los cambios más evidentes en primavera es el aumento progresivo de las horas de luz. Este incremento tiene un impacto directo sobre el cerebro, que utiliza la luz como señal principal para regular el ciclo sueño-vigilia.

Al haber más luz durante el día, se produce una reducción en la secreción de melatonina, la hormona responsable de inducir el sueño. Este ajuste no siempre es inmediato, lo que puede traducirse en un descanso menos reparador o en una sensación de desajuste interno durante los primeros días o semanas.

Además, la mayor exposición a la luz también influye en la serotonina, un neurotransmisor relacionado con el estado de ánimo, generando cambios que, aunque positivos a medio plazo, pueden provocar cierta inestabilidad inicial.

La primavera también marca un aumento en la exposición solar, lo que favorece la síntesis de vitamina D. Esta vitamina desempeña un papel importante en múltiples funciones del organismo, incluyendo el sistema inmunológico, la salud ósea y la regulación del estado de ánimo.

Sin embargo, al igual que ocurre con otros procesos biológicos, el organismo necesita un tiempo para adaptarse a este cambio en la exposición a la luz solar. Durante este periodo de transición pueden aparecer sensaciones de fatiga o variaciones en el nivel de energía.

El impacto del cambio de hora

A este proceso se suma el cambio al horario de verano, que implica adelantar el reloj una hora. Aunque pueda parecer una modificación menor, este ajuste tiene un efecto real sobre el organismo, ya que altera de forma brusca el ritmo interno.

Durante los días posteriores al cambio de hora es frecuente experimentar síntomas similares a un leve jet lag, como somnolencia, dificultad para concentrarse o irritabilidad. El cuerpo necesita varios días para sincronizarse nuevamente con el entorno, especialmente en lo que respecta a los horarios de sueño y vigilia

Síntomas más habituales

Los síntomas de la astenia primaveral suelen ser leves, pero pueden afectar al funcionamiento diario. Es habitual notar una sensación de cansancio persistente que no mejora completamente con el descanso, así como una menor capacidad de concentración o una percepción de lentitud mental.

A nivel emocional, algunas personas experimentan irritabilidad, apatía o una disminución de la motivación. También pueden aparecer pequeñas alteraciones del sueño o molestias físicas leves, como dolores de cabeza.

En la mayoría de los casos, estos síntomas no interfieren de forma grave en la vida cotidiana, pero sí generan una sensación general de malestar.

La astenia primaveral es un proceso autolimitado. A medida que el organismo se adapta al nuevo patrón de luz, temperatura y actividad, los síntomas tienden a desaparecer de forma progresiva.

Este proceso de adaptación suele completarse en un plazo aproximado de dos a tres semanas, sin necesidad de tratamiento específico.

Conclusión

Si los síntomas se prolongan más allá de varias semanas, aumentan en intensidad o interfieren de forma significativa en la vida diaria, es recomendable consultar con un profesional. En estos casos, es importante descartar otras causas, como trastornos del estado de ánimo o problemas del sueño.

La astenia primaveral es una respuesta natural del organismo ante los cambios ambientales propios de esta estación. El aumento de las horas de luz, el cambio de hora y la variación en la exposición solar generan un reajuste interno que puede manifestarse como cansancio o falta de energía.

A pesar de resultar incómoda, se trata de una situación temporal que tiende a resolverse de forma espontánea una vez que el cuerpo se adapta al nuevo entorno.

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  • Instituto Nacional de la Salud. Ritmos circadianos y sueño.
    Organización Mundial de la Salud (OMS). Factores ambientales y salud.
    Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Vitamina D y exposición solar.
    National Sleep Foundation. Daylight Saving Time and sleep.
    Harvard Medical School. Circadian rhythms and seasonal regulation.