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Apatía en enfermedades neurodegenerativas: cuando no es “dejadez”, sino un síntoma clínico

Autora: Ane Martínez Oficialdegi

A veces una familia empieza a notar que su madre con Alzheimer “ya no propone nada”, que su padre con Parkinson “parece no tener ganas de hacer nada” o que una persona con deterioro cognitivo “está como apagada”. Desde fuera, esto puede confundirse con tristeza, cansancio o incluso con falta de interés por vivir. Pero no siempre es así.

En muchos casos, lo que hay detrás es apatía: un síntoma frecuente en distintas enfermedades neurodegenerativas que afecta a la iniciativa, al interés por el entorno y a la respuesta emocional. No es pereza, ni una cuestión de carácter. Es un cambio clínicamente relevante que puede alterar mucho la vida diaria de la persona y también la de quienes la cuidan (Miller et al., 2021). 

Comprenderla bien es importante porque, cuanto antes se detecta, antes se puede intervenir de forma más ajustada.

¿Qué es exactamente la apatía?

La apatía es un síndrome neuropsiquiátrico caracterizado por una disminución mantenida de la conducta orientada a metas. En lenguaje más cotidiano: a la persona le cuesta más iniciar actividades, interesarse por lo que ocurre a su alrededor o reaccionar emocionalmente como antes. No significa necesariamente que esté triste; muchas veces lo que vemos es más bien una especie de “apagamiento” motivacional (Miller et al., 2021). 

Los criterios diagnósticos de consenso para trastornos neurocognitivos proponen que la apatía se valore cuando estos cambios duran al menos 4 semanas, representan un cambio respecto al funcionamiento previo y aparecen en al menos dos de estas tres áreas: iniciativa, interés y expresión o respuesta emocional (Miller et al., 2021).

¿Por qué no es lo mismo que depresión?

Esta es una de las confusiones más habituales. En la depresión suelen aparecer tristeza intensa, desesperanza, culpa o pensamientos muy negativos. En la apatía, en cambio, lo que predomina es la falta de iniciativa y la reducción de la motivación, incluso sin una vivencia clara de tristeza.

Ambas pueden coexistir, y por eso la evaluación clínica debe ser cuidadosa. Además, en enfermedades neurodegenerativas también hay que diferenciar la apatía de otras situaciones que pueden parecerse, como el dolor, los trastornos del sueño, algunos efectos de la medicación o las limitaciones motoras que dificultan hacer cosas aunque la persona sí quiera hacerlas.

¿En qué enfermedades aparece con más frecuencia?

La apatía es muy frecuente y aparece en varias enfermedades neurodegenerativas. En enfermedad de Alzheimer, un metaanálisis encontró que es el síntoma neuropsiquiátrico más frecuente, con una prevalencia global aproximada del 49%, aunque las cifras cambian según el estadio y cómo se mida (Zhao et al., 2016). Revisiones más recientes señalan que puede llegar a afectar hasta a un 70% de las personas con Alzheimer a lo largo de la evolución (Dolphin et al., 2023).

También es muy frecuente en demencia con cuerpos de Lewy, demencia asociada a Parkinson, enfermedad de Parkinson, demencia frontotemporal y enfermedad de Huntington, con perfiles distintos según la enfermedad y el momento evolutivo.

Lo importante no es solo el porcentaje. Lo importante es que la apatía suele ser persistente, poco reconocida y muy influyente en la autonomía diaria.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando aparece apatía?

La apatía no se explica solo por “tener menos ganas”. La investigación la relaciona con cambios en redes cerebrales implicadas en la motivación, la toma de decisiones, la valoración de recompensas y la puesta en marcha de la conducta. Entre las regiones más estudiadas están la corteza cingulada anterior, la corteza orbitofrontal y distintos circuitos fronto-estriatales (Dolphin et al., 2023). 

En Alzheimer, además, un estudio longitudinal en la cohorte ADNI encontró que una mayor carga basal de tau en determinadas regiones cerebrales se asociaba con mayor apatía a lo largo del tiempo, lo que refuerza la idea de que no estamos ante algo “psicológico” en el sentido coloquial, sino ante un fenómeno ligado a cambios cerebrales medibles (Premnath et al., 2024).

Qué dice la ciencia sobre su tratamiento

No existe un único tratamiento válido para todos los casos. Lo primero es revisar si hay factores que la empeoran: mala calidad del sueño, dolor, sedación por medicación, depresión asociada o barreras físicas y ambientales. Después, la intervención suele combinar estrategias farmacológicas y no farmacológicas según el diagnóstico y la situación de cada persona.

En el plano no farmacológico, el ejercicio físico muestra resultados prometedores. Un metaanálisis de 2025, con 9 ensayos y 356 participantes, encontró una mejoría significativa de la apatía tras intervenciones de ejercicio (Jia et al., 2025). 

En neuromodulación, una revisión sistemática de 2023 concluyó que la rTMS muestra una señal prometedora especialmente en Alzheimer, aunque la evidencia todavía es limitada y heterogénea, por lo que se necesitan estudios más amplios antes de sacar conclusiones definitivas (Espiritu et al., 2023).

Claves prácticas para familias y cuidadores

Entender la apatía cambia mucho la forma de acompañar. No suele ayudar pedir a la persona que “ponga más de su parte”. Suele ser más útil:

  • proponer actividades simples y concretas, en lugar de preguntas abiertas;
  • mantener rutinas predecibles;
  • dividir las tareas en pasos pequeños;
  • aprovechar los momentos del día en los que la persona está más receptiva;
  • usar apoyos externos: agenda visual, recordatorios, acompañamiento al inicio de la tarea;
  • priorizar actividades con significado personal, aunque sean breves.

Muchas veces el problema no es que la persona no quiera terminar algo, sino que le cuesta empezar. Ese matiz es fundamental.

Conclusión:

La apatía es uno de los síntomas más frecuentes y más infradiagnosticados en las enfermedades neurodegenerativas. Puede aparecer como menos iniciativa, menos interés y una respuesta emocional más plana, y no debe confundirse sin más con pereza o falta de voluntad. Hoy sabemos que tiene una base clínica y neurobiológica, que se asocia a peor autonomía y mayor carga familiar, y que existen estrategias útiles para abordarla (Miller et al., 2021; Dolphin et al., 2023).

El mensaje importante es esperanzador: identificar la apatía a tiempo permite intervenir mejor. A veces no se puede hacer desaparecer por completo, pero sí se puede comprender mejor, reducir su impacto y acompañar de una forma mucho más útil y compasiva.

¿Te interesa aún más el tema?

Te invitamos a explorar las referencias citadas a lo largo de este texto, ya que son una valiosa fuente de conocimiento. Ahí hay mucha información interesante que te puede ayudar a entender todo mejor. Cada uno de estos artículos trae consigo ideas y perspectivas que seguro te van a hacer pensar. Así que, ¡no dudes en echarles un vistazo!

  • Dolphin, H., Dyer, A. H., McHale, C., O’Dowd, S., & Kennelly, S. P. (2023). An update on apathy in Alzheimer’s disease. Geriatrics, 8(4), 75. https://doi.org/10.3390/geriatrics8040075
  • Espiritu, A. I., Hara, T., Tolledo, J. K., Blair, M., & Burhan, A. M. (2023). Repetitive transcranial magnetic stimulation for apathy in patients with neurodegenerative conditions, cognitive impairment, stroke, and traumatic brain injury: A systematic review. Frontiers in Psychiatry, 14, 1259481. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2023.1259481
  • Jia, H., Mei, Z., Luo, Y., Mou, X., & Huang, J. (2025). The effect of physical exercise on apathy in older adults: A systematic review and meta-analysis. Frontiers in Public Health, 13, 1617272. https://doi.org/10.3389/fpubh.2025.1617272
  • Miller, D. S., Robert, P., Ereshefsky, L., Adler, L., Bateman, D., Cummings, J., DeKosky, S. T., Fischer, C. E., Husain, M., Ismail, Z., Jaeger, J., Lerner, A. J., Li, A., Lyketsos, C. G., Manera, V., Mintzer, J., Moebius, H. J., Mortby, M., Meulien, D., … Lanctôt, K. L. (2021). Diagnostic criteria for apathy in neurocognitive disorders. Alzheimer’s & Dementia, 17(12), 1892–1904. https://doi.org/10.1002/alz.12358
  • Mintzer, J., Lanctôt, K. L., Scherer, R. W., Rosenberg, P. B., Herrmann, N., van Dyck, C. H., Padala, P. R., Brawman-Mintzer, O., Porsteinsson, A. P., Lerner, A. J., Craft, S., Levey, A. I., Burke, W., Perin, J., & Shade, D. (2021). Effect of methylphenidate on apathy in patients with Alzheimer disease: The ADMET 2 randomized clinical trial. JAMA Neurology, 78(11), 1324–1332. https://doi.org/10.1001/jamaneurol.2021.3356
  • Premnath, P. Y., Zhang, X., Ferris, S., Yassa, M. A., & Rosenberg, P. B. (2024). Longitudinal associations of apathy and regional tau in mild cognitive impairment and dementia: Findings from the Alzheimer’s Disease Neuroimaging Initiative. Alzheimer’s & Dementia: Translational Research & Clinical Interventions, 10, e12442. https://doi.org/10.1002/trc2.12442
  • Zhao, Q.-F., Tan, L., Wang, H.-F., Jiang, T., Tan, M.-S., Tan, L., Xu, W., Li, J.-Q., Wang, J., Lai, T.-J., & Yu, J.-T. (2016). The prevalence of neuropsychiatric symptoms in Alzheimer’s disease: Systematic review and meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 190, 264–271. https://doi.org/10.1016/j.jad.2015.09.069
  • Zhu, C. W., Grossman, H. T., Emrani, S., Sano, M., & Stern, Y. (2024). Apathy in Lewy body disease and its effects on functional impairment over time. Frontiers in Neurology, 15, 1339190. https://doi.org/10.3389/fneur.2024.1339190