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¿Cómo actúa la neuromodulación en el cerebro? Plasticidad neuronal explicada

Autora: Maitane Expósito Corrales

La plasticidad neuronal es la capacidad del cerebro para cambiar y reorganizar sus conexiones en respuesta a la experiencia, el aprendizaje o incluso una lesión. Es como si el cerebro pudiera esculpir nuevos caminos: cada vez que aprendemos algo nuevo o practicamos una habilidad, reforzamos “senderos” neuronales, y con la repetición esos senderos se convierten en autopistas por donde circula la información más rápido. Del mismo modo, cuando dejamos de usar una conexión, el cerebro puede “despejarla” por no ser útil. En palabras sencillas, el cerebro es moldeable: cuando algo nos daña, otras neuronas pueden asumir la función perdida formando rutas alternativas. Imaginemos un sendero en el bosque: si nadie lo pisa, se llena de hierba; pero con cada paso repetido, ese camino se despeja y se hace más rápido y ancho. Así opera la neuroplasticidad, permitiendo al cerebro adaptarse y aprender a lo largo de toda la vida.

Plasticidad neuronal

Las técnicas de neuromodulación no invasiva, como la estimulación magnética transcraneal (TMS) y la estimulación transcraneal por corriente directa (tDCS), aprovechan precisamente este potencial plástico. En el caso de la tDCS, se aplican corrientes débiles sobre el cuero cabelludo para modificar la excitabilidad de las neuronas. Una corriente anódica aumenta la actividad neuronal en la zona estimulada, mientras que una catódica la reduce. Este impulso suave puede “preparar” a las neuronas para crear nuevas conexiones: estimula la formación de sinapsis y refuerza las existentes, fomentando la regeneración de circuitos (por ejemplo, puede acelerar la recuperación cognitiva o aliviar el dolor).

Por su parte, la TMS utiliza pulsos magnéticos que atraviesan el cráneo para inducir corrientes eléctricas en regiones específicas del cerebro. Dependiendo de la frecuencia y el lugar de aplicación, estos pulsos pueden potenciar o inhibir conexiones neuronales. Por ejemplo, la TMS de alta frecuencia tiende a activar o fortalecer las neuronas de un área cerebral, mientras que la de baja frecuencia puede desacelerar su actividad. En la práctica, la TMS aplicada repetidamente “abre una ventana” temporal en la que el cerebro se vuelve más receptivo al aprendizaje y la rehabilitación. Como dice un experto: “con estimulación magnética transcraneal preparamos al cerebro para que responda mejor al tratamiento rehabilitador. Lo hacemos más receptivo, más maleable”. Es decir, modulamos los circuitos cerebrales como si abrimos una puerta por la que entran las señales adecuadas para reprogramar la función.

En resumen, la neuromodulación aprovecha la plasticidad cerebral para “guiar” la formación de conexiones útiles. Mediante impulsos magnéticos o corrientes ligeras, podemos «sembrar» y «recortar» caminos neuronales: fomentando las rutas deseadas y debilitando las que sobran. Esto ayuda a restablecer funciones (como movimiento, ánimo o memoria) o aliviar síntomas (dolor, ansiedad) al reequilibrar los circuitos cerebrales. Como resultado, el cerebro se hace más maleable y capaz de adaptarse, haciendo el aprendizaje, la rehabilitación o la mejoría de síntomas más efectivos en el corto plazo.

Qué dice la evidencia científica más reciente sobre la TMS

La estimulación magnética transcraneal (TMS) ha sido evaluada extensamente en los últimos años, especialmente en la depresión mayor resistente. Las revisiones sistemáticas y meta-análisis recientes confirman que la TMS produce mejoras significativas en pacientes que no respondieron a antidepresivos. En concreto, estudios muestran que tras varias semanas de tratamiento el síntoma depresivo suele disminuir mucho más que con un tratamiento simulado (sham). Por ejemplo, una revisión en Andalucía encontró que la TMS “puede ser un procedimiento seguro y efectivo para reducir la severidad de los síntomas depresivos, así como las tasas de respuesta y remisión a corto plazo en comparación con el sham”.

En la práctica clínica, estos efectos se traducen en tasas de éxito notables. Meta-análisis del último lustro reportan que, en depresión resistente, 30-50% de los pacientes obtienen una respuesta terapéutica (reducción ≥50% de sus síntomas), y alrededor de 20-30% alcanzan remisión completa de los síntomas

Otros trastornos mentales: Además de la depresión, la TMS muestra resultados prometedores en trastornos de ansiedad, TOC, PTSD o dolor crónico:

  • Trastornos de ansiedad: Una revisión reciente sugiere que la TMS produce un efecto robusto en el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG). Los autores encuentran mejoras significativas en las escalas de ansiedad tras las sesiones de TMS.
  • Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC): La TMS está aprobada desde 2018 para TOC resistente. Un análisis de varios estudios indica que los pacientes con TOC obtienen beneficio clínico con TMS.
  • Trastorno por estrés postraumático (TEPT): Los estudios en PTSD son más recientes y variados. Un meta-análisis de 2020 encontró reducciones significativas en los síntomas centrales del TEPT con la EMT. En la práctica, esto implica que la TMS puede disminuir intrusiones, hipervigilancia y otros síntomas postrauma.
  • Dolor crónico: También se ha explorado la TMS en diversos dolores crónicos (neuropatías, fibromialgia, migrañas). Los estudios indican que la neuromodulación puede aliviar el dolor en algunos pacientes. Aunque los datos específicos varían según el tipo de dolor, lo cierto es que la TMS/tDCS se presenta como una opción segura y no invasiva para casos de dolor que no responden a fármacos convencionales.

Conclusión:

En resumen, la evidencia acumulada en los últimos años posiciona a la TMS como una técnica efectiva para la depresión resistente. Además, estudios iniciales sugieren beneficios en la ansiedad, el TOC y el TEPT, aunque en estos trastornos la investigación es menos abundante. Los meta-análisis demuestran que las reducciones en síntomas (por ejemplo, en la escala de Hamilton de depresión o de ansiedad) son estadísticamente significativas y clínicamente relevantes. Lo más notable es que la TMS logra estos efectos con un perfil de seguridad excelente: no requiere anestesia ni provoca efectos secundarios cognitivos importantes, a diferencia de tratamientos como la terapia electroconvulsiva. Por ello, hoy la TMS ocupa un lugar consolidado en psiquiatría: es una herramienta científica, avalada por estudios recientes, que modula el cerebro de forma controlada y abre nuevas esperanzas donde otros tratamientos fallan.

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  • Referencias APA: Servicio de Evaluación de Tecnologías Sanitarias de Andalucía (AETSA). (2023). Terapia con estimulación magnética transcraneal repetitiva en trastorno depresivo mayor refractario: eficacia y seguridad (Informe de evaluación).
    Rodríguez Molina, V. M. (s.f.). La evidencia habla: ¿Qué tan eficaz es la EMT en la depresión resistente? MediQuees.
    Parikh, T. K., Strawn, J. R., Walkup, J. T., & Croarkin, P. E. (2022). Repetitive Transcranial Magnetic Stimulation for Generalized Anxiety Disorder: A Systematic Literature Review and Meta-Analysis. International Journal of Neuropsychopharmacology, 25(2), 144–146.
    Asociación TOC Zaragoza. (s.f.). Estimulación magnética transcraneal (EMT) para el tratamiento adyuvante del Trastorno Obsesivo Compulsivo.
    Edinoff, A. N., Hegefeld, K. A., Petersen, J., et al. (2022). Transcranial Magnetic Stimulation for Post-traumatic Stress Disorder. Frontiers in Psychiatry, 13, 701348.
    Kan, R. L. D., Nagamoto-Combs, K., & Combs, D. R. (2020). Non-invasive brain stimulation for posttraumatic stress disorder: A systematic review and meta-analysis. Translational Psychiatry, 10, 111.