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Dormir mal y sentirse triste al volver de vacaciones: cómo recuperar el ritmo sin obsesionarse

Autora: Maitane Expósito Corrales

Volver de vacaciones puede generar una mezcla extraña: por un lado, se supone que hemos descansado; por otro, aparecen cansancio, tristeza, irritabilidad, apatía, ansiedad anticipatoria o dificultad para dormir. Muchas personas lo viven con culpa: “No debería estar así, acabo de volver de vacaciones”. Sin embargo, desde la psicología y la medicina del sueño, esta reacción tiene sentido.

No siempre se trata de un problema clínico. En muchos casos hablamos de un proceso normal de reajuste: el cuerpo, el sueño, los horarios, la carga mental y el estado emocional necesitan unos días para volver a organizarse. El problema aparece cuando el malestar se mantiene, interfiere en la vida diaria o destapa un estrés laboral, familiar o emocional que ya venía de antes.

Vacaciones: descanso, desconexión y efecto rebote

Las vacaciones pueden tener un efecto positivo sobre el bienestar, la energía y la salud percibida. Las investigaciones sobre recuperación laboral han mostrado que el descanso vacacional suele mejorar indicadores de bienestar, aunque esos beneficios pueden disminuir al reincorporarse a la rutina. Un metaanálisis clásico encontró efectos positivos de las vacaciones en salud y bienestar, pero también observó que parte de esos beneficios se reducían tras la vuelta al trabajo.

La investigación más reciente matiza esta idea: un metaanálisis publicado en Journal of Applied Psychology en 2025, con 32 estudios y 256 tamaños del efecto, concluyó que las vacaciones pueden tener un efecto importante sobre el bienestar de los empleados y que ese beneficio no desaparece tan rápido como se pensaba anteriormente.

Entonces, ¿por qué algunas personas vuelven peor? Porque no todas las vacaciones recuperan igual y no todas las vueltas son iguales. La recuperación depende de varios factores: desconexión real del trabajo, calidad del descanso, sensación de control sobre el propio tiempo, actividades agradables, sueño suficiente, carga familiar y nivel de estrés previo.

Por qué puedo sentirme triste si “se supone que he descansado”

La tristeza al volver no significa necesariamente depresión. Muchas veces aparece por contraste: durante las vacaciones hay más libertad, más luz, más movimiento, más contacto social, más naturaleza o más tiempo en familia. Al volver, la persona se encuentra otra vez con horarios rígidos, tareas acumuladas, exigencias laborales, responsabilidades familiares y menos espacio personal.

También puede aparecer una especie de duelo pequeño: se termina una etapa asociada a placer, descanso o desconexión, y se vuelve a una rutina que quizá no está siendo vivida como satisfactoria. Por eso la emoción no debe verse solo como un síntoma a eliminar, sino también como una señal: ¿qué me han dado las vacaciones que echo de menos en mi vida habitual?

 

La investigación sobre recuperación laboral señala que la desconexión psicológica del trabajo es clave para la salud, el bienestar y el rendimiento. Una revisión sistemática sobre detachment, o desconexión psicológica, recuerda que desconectar del trabajo durante el tiempo libre es una experiencia central de recuperación, aunque puede ser especialmente difícil cuando el estrés laboral es alto.

Dicho de forma sencilla: si una persona se va de vacaciones físicamente, pero sigue mentalmente enganchada al trabajo, al correo, a los problemas pendientes o a la anticipación de la vuelta, el cuerpo no llega a recuperarse del todo.

La vuelta también altera el sueño

Después de vacaciones es frecuente dormir peor. No siempre es insomnio clínico. A veces es una desregulación temporal del ritmo sueño-vigilia: nos hemos acostado más tarde, levantado a otra hora, hecho siestas, cenado más tarde, usado más pantallas, bebido más alcohol o tenido menos regularidad.

El sueño no depende solo del cansancio. Depende también del ritmo circadiano, de la exposición a la luz, de la hora de levantarse, de la actividad diurna, de la regularidad de horarios y del nivel de activación emocional.

Una revisión sistemática de 2025 sobre regularidad del sueño encontró evidencia consistente de que una mayor irregularidad en los horarios de sueño se asocia con más síntomas depresivos y ansiosos, además de otros problemas de salud.

Por eso, al volver de vacaciones, muchas veces el objetivo no debería ser “dormir perfecto desde el primer día”, sino recuperar poco a poco una señal clara para el cuerpo: luz por la mañana, horarios relativamente estables, actividad durante el día y una noche menos cargada de presión.

El error de intentar dormir a la fuerza

Cuando una persona duerme mal después de vacaciones, suele hacer algo lógico: acostarse antes, quedarse más tiempo en la cama, cancelar planes, dormir siestas largas o vigilar constantemente si esa noche dormirá mejor. El problema es que estas estrategias pueden aumentar la presión por dormir.

La cama empieza a asociarse con esfuerzo, vigilancia y frustración. La persona se acuesta pensando: “Hoy tengo que dormir porque mañana vuelvo al trabajo”. Ese “tengo que” activa el sistema nervioso. Y cuanto más se intenta forzar el sueño, más se aleja.

En medicina del sueño, este círculo es muy conocido: preocupación por dormir, hiperactivación, más tiempo despierto en la cama, más frustración y más miedo a la noche siguiente. Por eso la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, TCC-I, no busca que la persona “se esfuerce más” en dormir, sino que recupere una relación más tranquila y eficaz con el sueño.

La American Academy of Sleep Medicine recomienda la TCC-I multicomponente como tratamiento para el insomnio crónico en adultos. El American College of Physicians también recomienda la TCC-I como tratamiento inicial para adultos con insomnio crónico.

Qué hacer la primera semana de vuelta

Dormir mal o sentirse triste al volver de vacaciones no significa que las vacaciones hayan fallado ni que la persona sea débil. Muchas veces significa que el cuerpo está reajustando horarios, demandas y emociones.

La vuelta puede ser una oportunidad para preguntarse no solo “cómo vuelvo a rendir”, sino también “qué necesito cuidar para no vivir siempre esperando las próximas vacaciones”.

Recuperar el ritmo no consiste en exigirse normalidad inmediata. Consiste en ayudar al cuerpo a volver, poco a poco, a una rutina que también tenga espacio para descansar.

El bajón de la vuelta suele mejorar en unos días o en una o dos semanas. Conviene consultar con un profesional si:

  • La tristeza se mantiene o aumenta.
  • Hay llanto frecuente, apatía intensa o sensación de bloqueo.
  • La ansiedad aparece cada noche o cada mañana.
  • El insomnio dura varias semanas.
  • Hay ataques de pánico.
  • El rechazo al trabajo es muy intenso.
  • Aparecen síntomas depresivos previos o ideas de desesperanza.
  • Se recurre a alcohol, hipnóticos o ansiolíticos sin supervisión para dormir.
  • La vuelta activa un malestar que ya existía antes de las vacaciones.

En estos casos, quizá no estamos ante una simple adaptación postvacacional, sino ante ansiedad, insomnio, depresión, burnout o estrés mantenido que necesita evaluación.

Conclusión

El verano puede ser una oportunidad para descansar, pero también puede alterar rutinas, sueño, convivencia, hábitos y expectativas. No todas las personas viven esta época con ligereza, y no sentirse bien durante las vacaciones no significa estar fallando.

La salud mental en verano no depende solo de tener tiempo libre. Depende de cómo descansamos, cómo dormimos, cómo nos relacionamos, qué expectativas nos imponemos y qué espacio dejamos para escuchar lo que necesitamos.

Descansar no siempre significa estar bien de inmediato. A veces significa dejar de exigirse bienestar, recuperar cierta estructura, proteger el cuerpo, poner límites y pedir ayuda si el malestar empieza a ocupar demasiado espacio.

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Referencias

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Hirshkowitz, M., et al. (2025). Sleep regularity as an important component of sleep hygiene: A systematic review. Sleep Medicine Reviews.

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Sonnentag, S., & Wiegelmann, M. (2024). Not detaching from work during leisure time: A control-theory perspective on job-related cognitions. Journal of Organizational Behavior.

Syrek, C. J., Weigelt, O., Kühnel, J., & De Bloom, J. (2022). Facilitating detachment from work: A systematic review, evidence-based recommendations, and guide for future research. Journal of Occupational Health Psychology, 27(3), 272–287.