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Estimulación magnética transcraneal: una nueva esperanza para el Parkinson

Autora: Maitane Expósito Corrales

El Parkinson, es una enfermedad neurodegenerativa que causa temblores, rigidez y dificultad para movernos, además de síntomas no motores como depresión y problemas cognitivos. Los tratamientos estándar (medicamentos dopaminérgicos, rehabilitación) mejoran muchos síntomas, pero a veces no son suficientes o provocan efectos secundarios. En los últimos años se ha desarrollado una alternativa no invasiva llamada estimulación magnética transcraneal (EMT). Este método aplica pulsos magnéticos controlados en áreas específicas del cerebro para modular su actividad y “reajustar” las redes neuronales disfuncionales. En palabras simples, una bobina electromagnética sobre el cuero cabelludo emite pulsos que atraviesan el cráneo e inducen leves corrientes eléctricas en la corteza cerebral. Así se activa o inhibe temporalmente regiones cerebrales claves, como la corteza motora (para el movimiento) o áreas prefrontales (implicadas en el ánimo).

Las sesiones de EMT suelen ser breves (unos 20–30 minutos), sin cirugía ni anestesia. El paciente permanece despierto y puede hablar normalmente durante el procedimiento. Se siente a veces solo un ligero cosquilleo o molestia en el cuero cabelludo, pero en general la técnica es muy segura y bien tolerada. A diferencia de la terapia electroconvulsiva, la EMT no causa convulsiones ni pérdida de memoria. Tampoco requiere hospitalización: tras cada sesión el paciente puede seguir con sus actividades diarias. Se considera una opción sin riesgos graves, cuyos efectos secundarios más comunes son leves (cefalea, hormigueo, malestar transitorio en la zona estimulada). En resumen, no es dolorosa ni invasiva, y está avalada por agencias sanitarias para otras indicaciones (por ejemplo, depresión resistente).

Beneficios demostrados en Parkinson

Lo prometedor de la EMT en el Parkinson es que actúa directamente sobre los circuitos cerebrales alterados, aportando mejoras que acompañan las terapias convencionales. Diversos estudios y metaanálisis recientes han documentado resultados positivos, especialmente sobre los síntomas motores. Por ejemplo, una revisión global de 21 metaanálisis concluyó que estimular con pulsos de alta frecuencia áreas motoras del cerebro (como la corteza motora primaria y la suplementaria) produce mejoras significativas en la movilidad, la marcha y el equilibrio de los pacientes, con efectos secundarios mínimos. Otros metaanálisis confirman estos hallazgos: la EMT reduce la puntuación de la sección motora de la escala UPDRS (medida estándar de síntomas motores) y mejora pruebas de caminar (como la prueba de levantarse y andar).

Además de los efectos sobre el movimiento, varios estudios señalan que la EMT puede aliviar síntomas no motores asociados al Parkinson. Un metaanálisis reciente encontró que los pacientes tratados con EMT mejoraron en escalas cognitivas (por ejemplo, en la puntuación MoCA) y redujeron síntomas depresivos medidos con escalas clínicas. Otro informe indica que la EMT de alta frecuencia sobre la corteza prefrontal dorsolateral (área relacionada con el ánimo) puede disminuir la depresión en Parkinson. En conjunto, la evidencia sugiere mejoras moderadas en la cognición, el estado de ánimo y la marcha, que se suman al beneficio motor.

Importante: estos resultados están respaldados por estudios recientes y revisiones sistemáticas. Por ejemplo, un metaanálisis de 45 ensayos clínicos (con casi 1.500 participantes) demostró que la EMT mejoró significativamente la función motora (desciende la UPDRS-III) y también dio algún beneficio cognitivo y sobre la depresión. En otro meta-análisis los pacientes mostraron puntuaciones más altas en tests de memoria y concentración (MoCA) y menos síntomas de depresión tras varios ciclos de EMT. Y una revisión integral concluye que los protocolos de alta frecuencia en la corteza motora suplementaria (SMA) son probablemente los más eficaces para mejorar el movimiento.

Pese a estos resultados positivos, aún se investiga la forma óptima de aplicar la EMT. Parámetros como la frecuencia de estimulación, la zona exacta del cerebro estimulada y el número de sesiones pueden influir en los resultados. Sin embargo, los hallazgos son consistentes en una idea clave: la EMT aporta beneficios adicionales a los tratamientos habituales, actuando como un refuerzo de los circuitos neuronales deteriorados.

Seguridad y tolerancia

La EMT en Parkinson cuenta con un buen perfil de seguridad. Como ya se ha dicho, no requiere anestesia ni cirugía. Los efectos adversos son en general leves y temporales. Los más frecuentes son dolor de cabeza o molestias en el cuero cabelludo durante la sesión; ambos suelen desaparecer tras las primeras sesiones. Raramente puede causar mareos leves o espasmos faciales transitorios. Los efectos graves (como convulsiones) son extremadamente infrecuentes, y normalmente aparecen sólo si se combina mal la EMT con factores de riesgo existentesNo se observan lesiones cerebrales ni pérdida de memoria asociada. En general, la tolerancia es excelente. Por ello, la EMT se considera segura para ser usada en conjunto con medicación o rehabilitación. De hecho, algunos análisis indican que más del 60% de pacientes mejoran sus síntomas tras un ciclo de EMT, manteniendo esos avances en el tiempo.

¿Cómo y cuándo se usa la EMT?

Actualmente la EMT en Parkinson se emplea como terapia complementaria a los tratamientos estándar. Es decir, no reemplaza la medicación dopaminérgica, sino que la potencia. Se ofrece por lo general en clínicas especializadas o en entornos de investigación clínica. Por ejemplo, un neurólogo puede recomendar sesiones de EMT a un paciente que sigue con síntomas incapacitantes a pesar de llevar una dosis óptima de medicamento. También se ha usado en estudios como alternativa cuando los fármacos no alivian la depresión parkinsoniana o la fatiga. Cada protocolo suele consistir en varias sesiones semanales durante algunas semanas – no es un tratamiento de una sola vez. Los efectos positivos suelen acumularse gradualmente con el número de sesiones: no es una “cura mágica”, sino un proceso de rehabilitación neuromoduladora

En la práctica, los médicos combinan la EMT con la terapia farmacológica y la rehabilitación física. Por ejemplo, se puede aplicar EMT de alta frecuencia en la corteza motora suplementaria en pacientes con congelación de la marcha, o en la corteza prefrontal para los casos con depresión y apatía. En todos los casos, se busca que la EMT actúe sobre las redes cerebrales desajustadas por la enfermedad. Aunque falta establecer protocolos únicos, la tendencia en los resultados recientes apunta a que la EMT mejora especialmente síntomas resistentes (como la rigidez axilar o las dificultades de equilibrio) y aspectos no tratados por la medicación convencional.

En resumen, la EMT no sustituye tratamientos como la medicación o la rehabilitación, sino que los complementa. Sus beneficios han sido documentados en meta-análisis y estudios clínicos recientes. A medida que se afine la técnica, promete ser una herramienta más en el manejo integral de la enfermedad de Parkinson, sobre todo en pacientes que necesitan algo más que las terapias tradicionales.

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