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¿Por qué la TMS no funciona igual en todos?

Autora: Maitane Expósito Corrales

La estimulación magnética transcraneal, o TMS, ayuda a muchas personas con depresión, pero no lo hace con la misma intensidad ni a la misma velocidad en todo el mundo. Eso no significa que sea una técnica “caprichosa”. Significa que actúa sobre un cerebro real, con una historia clínica concreta, mediante un protocolo técnico específico y dentro de un centro con más o menos experiencia y seguimiento. La mejor lectura de la evidencia actual no es “la TMS a veces acierta y a veces no”, sino “la TMS funciona mejor cuando se ajusta bien al paciente y se administra bien.

En depresión mayor y depresión resistente, la evidencia global es sólida. En una metaanálisis de ensayos doble ciego controlados con sham, la rTMS activa alcanzó una tasa de respuesta del 39,7% frente al 13,7% con sham, y una tasa de remisión del 35,7% frente al 8,4%, con riesgos relativos de 2,25 para respuesta y 2,78 para remisión. En guías clínicas y en práctica real, los resultados habituales se mueven aproximadamente entre un 40–50% de respuesta, con registros amplios que rondan el 60% de respuesta y el 30% de remisión, aunque estas cifras cambian según el tipo de paciente, el protocolo y el contexto en el que se trata.

Lo importante para un paciente informado es esto: que una persona no responda igual que otra no implica que haya “fallado” ni que la técnica no valga; implica que conviene revisar bien qué diagnóstico hay, cuánto dura el episodio, qué medicación acompaña, qué protocolo se está usando, cuántas sesiones se van a completar y cómo monitoriza el equipo la evolución.

Qué sabemos hoy sobre la eficacia global

La TMS que más se usa en depresión es una neuromodulación no invasiva dirigida a redes cerebrales relacionadas con el estado de ánimo, sobre todo la corteza prefrontal dorsolateral. A diferencia de la terapia electroconvulsiva, no requiere anestesia y, en las guías recientes, no se asocia a los efectos cognitivos típicos de esa técnica. Según el protocolo, una sesión convencional suele durar unos 20–40 minutos, mientras que la iTBS —una forma abreviada de TMS en ráfagas— dura algo más de 3 minutos. En ambos casos, el curso agudo suele administrarse 5 días por semana durante 4–6 semanas.

i uno se queda con una sola cifra para entender la eficacia, conviene que sea la de la mejor comparación posible: activa frente a sham. En la metaanálisis de R. G. Vida et al. de 2023, basada en ensayos aleatorizados y doble ciego en depresión resistente, la rTMS activa duplicó o triplicó la probabilidad de respuesta y remisión frente a sham: 39,7% frente a 13,7% para respuesta y 35,7% frente a 8,4% para remisión. Dicho de forma sencilla, no hablamos de un efecto pequeño ni marginal.

La revisión de consenso de 2025 avalada por National Network of Depression Centers y Clinical TMS Society añade que la TMS sigue mostrando una evidencia amplia de seguridad y eficacia, y que formas más nuevas como la iTBS son no inferiores a la rTMS estándar.

En práctica real, los resultados suelen ser iguales o mejores que en los ensayos, aunque no siempre sean directamente comparables. Un gran registro multisede de 5.010 personas tratado en 103 centros notificó aproximadamente un 60% de respuesta y un 30% de remisión. Un registro japonés de 497 pacientes con depresión resistente informó 53,5% de respuesta y 42,8% de remisión con HAMD-17, con baja tasa de abandono por efectos adversos. Y el ensayo THREE-D de Daniel M. Blumberger et al., publicado en 2018 en The Lancet, mostró que la iTBS era no inferior al protocolo clásico de 10 Hz, con una respuesta del 49% y una remisión del 32% para iTBS, frente a una respuesta del 47% y una remisión del 27% para 10 Hz.

Para quien nunca ha visto una sesión, el aspecto externo suele ser este: una bobina apoyada sobre el cuero cabelludo, sin anestesia, en un entorno ambulatorio y con sesiones repetidas a lo largo de varias semanas

Por qué unas personas responden mejor que otras

No todas las depresiones alteran las mismas redes cerebrales ni el mismo grado de plasticidad. Por eso la neuroimagen y la conectividad están recibiendo tanta atención. También parece influir el “estado biológico” de base: inflamación, plasticidad y, quizás en el futuro, genética. La segunda capa es clínica. No responde igual alguien con un episodio relativamente reciente que alguien que lleva dos años o más en el mismo episodio, con ansiedad marcada, varias recaídas y varios tratamientos previos fallidos. La medicación concomitante añade una tercera fuente de variabilidad. La cuarta capa es técnica. Cuando se dice “voy a hacer TMS”, en realidad todavía queda por saber qué patrón, qué lado, con qué intensidad, sobre qué zona, durante cuántas sesiones y con qué localización del target.

Qué puede hacer el paciente para mejorar sus probabilidades

La buena noticia es que muchas de las variables que modulan la respuesta son revisables. No puedes cambiar tu genética esta semana, pero sí puedes elegir bien el centro, preguntar por el protocolo, completar el número de sesiones, avisar si cambia tu medicación y pedir que se mida el avance de forma objetiva

Preguntas frecuentes

¿Si no hay garantía de respuesta, merece la pena intentarlo?
Sí, cuando la indicación está bien puesta. En los ensayos controlados, la TMS activa supera de forma clara al sham, y en registros reales las tasas de mejoría son clínicamente relevantes. La ausencia de garantía no es un argumento en contra; es la misma situación que ocurre con casi todos los tratamientos en psiquiatría. La clave es seleccionar bien, medir bien y completar bien el curso.

¿Cuándo se suele notar la mejoría?
Algunas personas notan cambios en la segunda semana; otras mejoran más gradualmente. La evidencia reciente sugiere que la mejoría temprana es una buena señal, pero no una frontera absoluta entre “respondedor” y “no respondedor”. Existen trayectorias de mejoría tardía, y por eso conviene que la revisión de la semana 2 sirva para ajustar el plan, no para rendirse automáticamente.

¿La iTBS es mejor que la rTMS clásica?
No necesariamente “mejor” para todo el mundo, pero sí más corta y, en muchos contextos, igual de eficaz. En el THREE-D, la iTBS fue no inferior a 10 Hz y permitió sesiones muchísimo más breves. En revisiones recientes, la iTBS muestra un balance beneficio-riesgo favorable y no peores tasas de discontinuación que el sham. Para muchos pacientes eso mejora la comodidad y la posibilidad real de completar el tratamiento.

¿Qué efectos secundarios son los más habituales?
Lo más frecuente es molestia local en el cuero cabelludo, cefalea, pequeños tirones de la musculatura facial durante la estimulación y, a veces, fatiga. En la revisión de 2025 del American Journal of Psychiatry se describen molestias en el lugar de estimulación en torno al 11–39%; en las guías de la RANZCP se recalca que suelen ser leves y transitorias, y que la tasa de abandono por efectos adversos en ensayos fue del 2,5% con TMS activa frente al 2,7% con sham. En el THREE-D, ambos grupos tuvieron perfiles de tolerabilidad parecidos y tasas bajas de abandono.

¿Cuándo debo hablar con el equipo sin esperar a la próxima sesión?
Cuando cambie tu medicación, si has dormido muy mal varios días, si aumenta de forma importante el alcohol u otras sustancias, si aparece un síntoma neurológico nuevo, si el dolor o la cefalea no se controlan bien, o si notas un empeoramiento importante del ánimo, agitación, ideas de muerte o cualquier cambio que te preocupe. Las guías recientes piden revisar precisamente esos cambios intercurrentes durante el curso de TMS, porque pueden afectar tanto a la seguridad como a la interpretación de la respuesta.

Hacia una TMS más personalizada

La investigación va claramente hacia una TMS más personalizada. El objetivo no es hacer una técnica “más sofisticada” por sí misma, sino decidir mejor quién tiene más probabilidades de beneficiarse, con qué targetcon qué dosis y en qué combinación con otros tratamientos

La idea final es sencilla y, en el fondo, tranquilizadora. Que la TMS no funcione igual en todos no debilita la neuromodulación; explica por qué necesitamos indicarla y aplicarla mejor. Para un paciente, eso significa pedir claridad, seguimiento y un plan realista. Para un buen centro, significa no tratar “depresiones” en abstracto, sino personas concretas. Y para la psiquiatría, significa que la neuromodulación ya no debe verse como una rareza de último recurso, sino como una herramienta seria, eficaz y cada vez más afinable.

¿Te interesa aún más el tema?

Te invitamos a explorar las referencias citadas a lo largo de este texto, ya que son una valiosa fuente de conocimiento. Ahí hay mucha información interesante que te puede ayudar a entender todo mejor. Cada uno de estos artículos trae consigo ideas y perspectivas que seguro te van a hacer pensar. Así que, ¡no dudes en echarles un vistazo!

 

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