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Signos de alarma tempranos ante un posible autismo en la primera infancia

Autora: Ane Martínez Oficialdegi

Cuando una familia empieza a notar que “algo no termina de encajar” en el desarrollo de su hijo o hija, es normal que aparezcan dudas, inseguridad e incluso mensajes contradictorios del entorno. Frases como “ya hablará”, “cada niño tiene su ritmo” o “seguro que madura más adelante” pueden tranquilizar en un primer momento, pero también retrasar una consulta que podría ser importante.

Lo primero a tener en cuente es: las señales de alarma tempranas no son un diagnóstico, pero sí pueden indicar que merece la pena observar más de cerca, hacer un cribado adecuado a la edad y, si la preocupación persiste, derivar a una evaluación especializada (Cleary et al., 2023; National Institute for Health and Care Excellence [NICE], 2017; Centers for Disease Control and Prevention [CDC], 2024, 2025).

En los primeros meses de vida, muchos signos aún son poco específicos. Sin embargo, entre los 9 y 24 meses cobran especial importancia aspectos como la respuesta al nombre, el contacto ocular social, el uso de gestos, la atención conjunta, la imitación, el juego simbólico y el lenguaje utilizado para comunicarse. Además, hay una señal que siempre requiere consulta prioritaria: la pérdida de habilidades previamente adquiridas, especialmente si afecta al lenguaje o a la interacción social antes de los 3 años (NICE, 2017).

Las señales de alarma no equivalen a diagnóstico

Es importante recordar que no existe una prueba de sangre, una analítica o un biomarcador que confirme por sí solo el autismo. El diagnóstico sigue siendo clínico y evolutivo, y se basa en la historia del desarrollo, la observación, la valoración de otras posibles causas y el estudio de condiciones asociadas (CDC, 2025; NICE, 2017).

También conviene tener presente que el desarrollo no siempre sigue el mismo ritmo en todos los niños. En algunos casos, las señales aparecen en el primer año de vida; en otros, se hacen más evidentes en el segundo año o incluso algo más tarde. Hay niños que parecen adquirir ciertas habilidades, pero luego dejan de progresar o incluso las pierden. Por eso, un cribado negativo en un momento concreto no descarta por completo un trastorno del neurodesarrollo si la preocupación clínica continúa (CDC, 2025; GuíaSalud, 2025).

Qué señales pueden observarse según la edad

Antes de los 6 meses

En esta etapa, los marcadores conductuales son todavía poco específicos. Aun así, algunos estudios han descrito diferencias tempranas en la atención social, como menor interés por mirar rostros u ojos, menos sonrisa social o menor reciprocidad cara a cara. También pueden aparecer diferencias motoras tempranas, aunque por sí solas no son específicas de autismo (Cleary et al., 2023; Jones & Klin, 2013; Lim et al., 2021).

 

Entre los 6 y los 12 meses

Empiezan a tener más valor clínico señales como:

  • balbuceo reducido o poco social
  • contacto ocular social escaso o inconsistente
  • ausencia de respuesta al nombre hacia los 9 meses
  • menor interés por juegos interactivos simples como palmadas o cucú-tras
  • menor imitación
  • uso inusual de objetos, por ejemplo mirarlos de forma fija, muy de cerca o de reojo (CDC, 2024; Miller et al., 2021).

 

Entre los 12 y los 24 meses

Este es uno de los periodos más importantes para la detección temprana. Algunas señales especialmente relevantes son:

  • retraso del lenguaje o uso escaso del lenguaje para comunicarse
  • pérdida de palabras ya adquiridas
  • pocos o ningún gesto comunicativo
  • no señalar para compartir interés
  • no mostrar objetos
  • escasa atención conjunta
  • poca imitación
  • respuesta ausente o muy inconsistente al nombre
  • juego repetitivo con objetos
  • ausencia o escasez de juego simbólico
  • presencia de movimientos repetitivos o respuestas sensoriales muy intensas (NICE, 2017; CDC, 2024; GuíaSalud, 2025).

 

Entre los 2 y los 3 años

En esta etapa pueden observarse:

  • lenguaje presente, pero poco usado para compartir o conversar
  • ecolalia o forma de hablar poco natural
  • dificultades para integrar mirada, gesto y lenguaje
  • poco interés por otros niños
  • juego imaginativo limitado
  • rigidez, malestar ante los cambios o intereses muy absorbentes
  • reacciones sensoriales llamativas (NICE, 2017; CDC, 2024).

 

Entre los 3 y los 6 años

Las dificultades suelen hacerse más visibles en contextos sociales y de juego:

  • conversación poco recíproca
  • juego rígido o repetitivo
  • dificultades para unirse al juego con iguales
  • poca flexibilidad social
  • persistencia de problemas para integrar gestos, expresiones faciales y lenguaje
  • intereses muy concretos y absorbentes
  • ansiedad ante cambios o alteraciones de rutina (CDC, 2024; NICE, 2017)

La regresión: la señal de alarma más importante

Si hubiera que destacar una señal por encima de las demás, sería esta: la pérdida de habilidades ya adquiridas.

Según NICE, la regresión del lenguaje o de las habilidades sociales antes de los 3 años debe activar una derivación rápida para evaluación. Y si existe regresión motora a cualquier edad, la consulta debe acelerarse aún más, incluyendo valoración pediátrica o neuropediátrica según el caso (NICE, 2017).

No hablamos solo de que un niño vaya “más lento”, sino de que deje de hacer cosas que antes sí hacía: decir palabras, mirar para compartir, responder al nombre, jugar de una manera determinada o mostrar interés por las personas.

Qué hacer si hay sospechas

La recomendación más consistente de las guías actuales es clara: no conviene quedarse durante meses en la duda. Si existe preocupación, lo más útil es convertir esa intuición en observación concreta y llevarla a consulta.

Una buena estrategia puede ser observar durante dos a cuatro semanas situaciones cotidianas y anotar ejemplos concretos:

  • si responde o no al nombre
  • si mira para compartir
  • si señala o muestra objetos
  • si imita
  • qué palabras usa y con qué intención
  • cómo juega con los juguetes
  • si hay conductas repetitivas o reacciones sensoriales llamativas
  • si ha dejado de hacer algo que antes sí hacía

También pueden resultar útiles pequeños vídeos grabados en casa, en rutinas reales, porque ayudan a mostrar lo que ocurre fuera de la consulta (NICE, 2017; CDC, 2026).

La consulta con pediatría debería ser especialmente prioritaria si hay:

  • pérdida de palabras
  • pérdida de habilidades sociales
  • pérdida de juego comunicativo
  • cualquier regresión motora
  • varias señales importantes al mismo tiempo, como ausencia de respuesta al nombre, falta de gestos, ausencia de señalamiento, poca atención conjunta y juego simbólico pobre (NICE, 2017; GuíaSalud, 2025; CDC, 2024).

 

Un mensaje importante

A veces, las familias dudan porque el niño tiene contacto ocular en algunos momentos, es cariñoso en casa o ha tenido alguna revisión previa sin grandes preocupaciones. Pero estas cosas no excluyen por sí solas un posible trastorno del espectro autista si aparecen nuevas señales o si el patrón general preocupa.

La detección temprana no consiste en etiquetar deprisa, sino en escuchar, observar y actuar a tiempo. En muchas ocasiones, consultar pronto no solo permite llegar antes a una evaluación adecuada, sino también empezar antes apoyos que mejoran la comunicación, la adaptación y la calidad de vida del niño y de su entorno.

Conclusión

Las señales de alarma tempranas ante un posible autismo en la primera infancia no deben interpretarse como un diagnóstico, pero sí como una llamada a observar con atención, escuchar la preocupación de la familia y actuar con criterio clínico.

Antes de los 6 meses, los signos suelen ser poco específicos. Entre los 9 y los 24 meses, en cambio, adquieren especial relevancia la respuesta al nombre, el contacto ocular social, los gestos, la atención conjunta, la imitación, el juego simbólico y el uso comunicativo del lenguaje. Y si aparece regresión, la consulta debe acelerarse.

El mensaje más importante quizá sea este: no hace falta esperar a tener un diagnóstico formal para empezar a ayudar. Cuando hay señales persistentes, la intervención temprana y el acompañamiento a la familia marcan una diferencia real.

¿Te interesa aún más el tema?

Te invitamos a explorar las referencias citadas a lo largo de este texto, ya que son una valiosa fuente de conocimiento. Ahí hay mucha información interesante que te puede ayudar a entender todo mejor. Cada uno de estos artículos trae consigo ideas y perspectivas que seguro te van a hacer pensar. Así que, ¡no dudes en echarles un vistazo!

 

American Academy of Pediatrics. (2026). Autism spectrum disorder.

Barbaro, J., Sadka, N., Gilbert, M., Beattie, E., Li, X., Lawson, L. P., Ridgway, L., & Dissanayake, C. (2022). Diagnostic accuracy of the Social Attention and Communication Surveillance–Revised with Preschool tool for early autism detection in very young children. JAMA Network Open, 5(3), e2146415.

Centers for Disease Control and Prevention. (2024, May 16). Signs and symptoms of autism spectrum disorder.

Centers for Disease Control and Prevention. (2025, April 15). Clinical screening for autism spectrum disorder.

Centers for Disease Control and Prevention. (2026). Developmental monitoring and screening; CDC’s developmental milestones; Learn the Signs. Act Early.

Chawarska, K., Macari, S., & Shic, F. (2013). Decreased spontaneous attention to social scenes in 6-month-old infants later diagnosed with autism spectrum disorders. Biological Psychiatry.

Cleary, D. B., Maybery, M. T., Green, C., & Whitehouse, A. J. O. (2023). The first six months of life: A systematic review of early markers associated with later autism. Neuroscience & Biobehavioral Reviews.

Deniz, E., Francis, G., Torgerson, C., & Toseeb, U. (2024). Parent-mediated play-based interventions to improve social communication and language skills of preschool autistic children: A systematic review and meta-analysis. Review Journal of Autism and Developmental Disorders.

GuíaSalud. (2025). Guía de práctica clínica para la atención del trastorno del espectro autista en la infancia en atención primaria. Actualización.

Jones, W., & Klin, A. (2013). Attention to eyes is present but in decline in 2–6 month-olds later diagnosed with autism. Nature.

Lim, Y. H., Licari, M., Spittle, A. J., Watkins, R. E., Zwicker, J. G., Downs, J., & Finlay-Jones, A. (2021). Early motor function of children with autism spectrum disorder: A systematic review. Pediatrics, 147(2), e2020011270.

Magán-Maganto, M., Canal-Bedia, R., Hernández-Fabián, A., Bejarano-Martín, Á., Fernández-Álvarez, C., Martínez-Velarte, M., et al. (2020). Spanish cultural validation of the Modified Checklist for Autism in Toddlers, Revised. Journal of Autism and Developmental Disorders.

National Institute for Health and Care Excellence. (2017). Autism spectrum disorder in under 19s: Recognition, referral and diagnosis (CG128).

Salgado-Cacho, J. M., Moreno-Jiménez, M. P., & de Diego-Otero, Y. (2021). Detection of early warning signs in autism spectrum disorders: A systematic review. Children, 8(2), 164.

Whitehouse, A. J. O., Varcin, K. J., Alvares, G. A., Barbaro, J., Bent, C., Boutrus, M., et al. (2021). Effect of preemptive intervention on developmental outcomes among infants showing early signs of autism: A randomized clinical trial of outcomes to diagnosis. JAMA Pediatrics.

Wieckowski, A. T., White, L. N., & Robins, D. L. (2023). Sensitivity and specificity of the Modified Checklist for Autism in Toddlers (original and revised): A systematic review and meta-analysis. JAMA Pediatrics.

World Health Organization. (2022). Caregiver skills training for families of children with developmental delays or disabilities.