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TEA en mujeres: comprender el espectro invisible

Autora: Ane Martínez Oficialdegi

Durante décadas, el Trastorno del Espectro Autista (TEA) se ha entendido —y diagnosticado— desde un modelo predominantemente masculino. Esta mirada parcial ha tenido una consecuencia clara: muchas niñas y mujeres han crecido sin una explicación para sus dificultades, aprendiendo a adaptarse, a camuflarse y a esforzarse en silencio para encajar en un mundo que no siempre comprendían.
Hoy, la investigación científica empieza a visibilizar esta realidad y a describir con mayor precisión cómo se manifiesta el autismo en mujeres.

Este artículo tiene como objetivo acercar, desde un enfoque divulgativo y basado en la evidencia, qué es el fenotipo femenino del autismo, por qué suele diagnosticarse más tarde y qué implicaciones tiene el llamado camuflaje social.

¿Por qué el autismo en mujeres ha sido infradiagnosticado?

Los primeros estudios sobre autismo, desde los trabajos de Kanner y Asperger en los años cuarenta, se realizaron casi exclusivamente en niños varones. Como consecuencia, los criterios diagnósticos y las herramientas de evaluación se desarrollaron a partir de un perfil masculino del trastorno, generando lo que hoy se conoce como una ceguera de género en la detección clínica (Lai et al., 2015; Hull et al., 2020).

Tradicionalmente se ha hablado de una ratio aproximada de 4 hombres por cada 1 mujer diagnosticada, pero esta proporción está siendo revisada. Estudios epidemiológicos y revisiones sistemáticas indican que una parte significativa de esta diferencia se explica por el infradiagnóstico femenino, especialmente en mujeres sin discapacidad intelectual o con buenas habilidades verbales (Loomes et al., 2017). De hecho, muchas mujeres reciben el diagnóstico por primera vez en la edad adulta, tras años de diagnósticos previos como ansiedad, depresión o trastornos de la conducta alimentaria (Bargiela et al., 2016).

El fenotipo femenino del autismo: una expresión diferente

Los criterios diagnósticos del TEA son los mismos para hombres y mujeres, pero su expresión clínica suele diferir, lo que dificulta su identificación.

 

Interacción social

Muchas niñas y mujeres autistas muestran una motivación social preservada: desean relacionarse y pertenecer. Sin embargo, la interacción social no es intuitiva, sino cognitivamente elaborada. Es frecuente el uso de guiones sociales, la imitación de otras personas o el esfuerzo consciente por “parecer socialmente competentes”, lo que puede ocultar las dificultades reales (Dean et al., 2017; Hull et al., 2017).

A nivel interno, estas interacciones suelen vivirse con confusión, ansiedad y un elevado gasto de energía, especialmente ante normas sociales implícitas, ironía o cambios inesperados en la dinámica social (Lai et al., 2015).

Intereses, rigidez y sensibilidad sensorial

En mujeres, los intereses intensos suelen centrarse en áreas socialmente aceptadas —literatura, psicología, animales, arte, relaciones o personajes de ficción— lo que contribuye a que pasen desapercibidos como rasgos autistas, pese a la intensidad, la rigidez o la centralidad que tienen en la vida diaria (Hull et al., 2020).

Las conductas repetitivas y las estereotipias motoras suelen ser más sutiles o transformarse en comportamientos normalizados (jugar con el pelo, manipular objetos pequeños, ordenar), dificultando su detección clínica. La hiper o hiposensibilidad a estímulos como ruido, luces, texturas u olores es muy frecuente, pero a menudo se interpreta como “manías” o ansiedad (Robertson & Baron-Cohen, 2017).

Además, las mujeres autistas tienden a presentar más síntomas internalizantes —ansiedad, depresión, baja autoestima— que conductas externalizantes, lo que reduce la sospecha diagnóstica en etapas tempranas (Lai et al., 2019).

El camuflaje social: el coste de encajar

Uno de los conceptos clave para comprender el autismo en mujeres es el camuflaje o masking. Se define como el conjunto de estrategias conscientes o automáticas destinadas a ocultar rasgos autistas y ajustarse a las expectativas sociales (Hull et al., 2017; Cook et al., 2021).

Estas estrategias incluyen forzar el contacto visual, ensayar conversaciones, imitar estilos comunicativos, reprimir conductas autorreguladoras o adoptar roles sociales aceptables. La evidencia muestra que las mujeres puntúan más alto que los hombres en medidas de camuflaje, especialmente aquellas diagnosticadas en la edad adulta (Hull et al., 2019).

Aunque el camuflaje puede facilitar la adaptación social y laboral, su coste psicológico es elevado. Se ha asociado con mayores niveles de ansiedad, depresión, ideación suicida y con el llamado burnout autista, un estado de agotamiento extremo tras años de sobreesfuerzo adaptativo y pérdida del sentido de identidad personal (Cassidy et al., 2018; Raymaker et al., 2020).

Diagnóstico tardío y confusiones clínicas frecuentes

El diagnóstico de TEA en mujeres suele producirse más tarde que en hombres, especialmente cuando no hay discapacidad intelectual. En muchos casos, la evaluación se inicia a raíz de problemas de salud mental que no responden adecuadamente a los tratamientos habituales (Bargiela et al., 2016; Hull et al., 2020).

Entre las confusiones diagnósticas más frecuentes se encuentran los trastornos de ansiedad y depresión, los trastornos de la conducta alimentaria —especialmente la anorexia nerviosa, donde la rigidez cognitiva o la hipersensibilidad sensorial pueden confundirse con preocupaciones por la imagen corporal— y el TDAH, con el que el TEA comparte dificultades atencionales y ejecutivas (Westwood et al., 2017).

Una evaluación especializada y sensible al fenotipo femenino es clave para realizar un diagnóstico diferencial adecuado.

Comprender la experiencia interna: más allá de la conducta

Para entender el autismo en mujeres es fundamental ir más allá de lo observable. Fenómenos como los meltdowns (colapsos por sobrecarga sensorial o emocional) y los shutdowns (respuestas de apagado o desconexión) no son conductas voluntarias, sino respuestas neurobiológicas del sistema nervioso ante un exceso de estímulos (Moseley et al., 2020).

Estas experiencias suelen vivirse en privado y malinterpretarse como dramatismo, pasividad o falta de interés, cuando en realidad cumplen una función protectora.

Conclusión

Recibir un diagnóstico de TEA en la edad adulta no es una etiqueta limitante. Para muchas mujeres supone un punto de inflexión: la posibilidad de reinterpretar su historia vital, dejar de culpabilizarse y empezar a cuidarse desde el conocimiento de su propio funcionamiento neurobiológico.

Visibilizar el autismo en mujeres no solo mejora la precisión diagnóstica, sino que permite ofrecer apoyos más ajustados, reducir el sufrimiento psicológico y promover una vida más auténtica, con menos máscaras y mayor bienestar.

¿Te interesa aún más el tema?

Te invitamos a explorar las referencias citadas a lo largo de este texto, ya que son una valiosa fuente de conocimiento. Ahí hay mucha información interesante que te puede ayudar a entender todo mejor. Cada uno de estos artículos trae consigo ideas y perspectivas que seguro te van a hacer pensar. Así que, ¡no dudes en echarles un vistazo!

Bargiela, S., Steward, R., & Mandy, W. (2016). The experiences of late-diagnosed women with autism spectrum conditions. Autism, 20(8), 1011–1020. https://doi.org/10.1177/1362361315615858

Cassidy, S., Bradley, L., Shaw, R., & Baron-Cohen, S. (2018). Risk markers for suicidality in autistic adults. Molecular Autism, 9, 42. https://doi.org/10.1186/s13229-018-0226-4

Cook, J., Hull, L., Crane, L., & Mandy, W. (2021). Camouflaging in autism: A systematic review. Autism, 25(3), 1–18. https://doi.org/10.1177/1362361320982190

Dean, M., Harwood, R., & Kasari, C. (2017). The art of camouflage: Gender differences in the social behaviors of girls and boys with autism spectrum disorder. Autism, 21(6), 678–689. https://doi.org/10.1177/1362361316671845

Hull, L., Petrides, K. V., Allison, C., Smith, P., Baron-Cohen, S., Lai, M. C., & Mandy, W. (2017). “Putting on my best normal”: Social camouflaging in adults with autism spectrum conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders, 47, 2519–2534. https://doi.org/10.1007/s10803-017-3166-5

Hull, L., Mandy, W., & Petrides, K. V. (2019). Behavioural and cognitive sex/gender differences in autism spectrum condition and camouflaging. Autism, 23(6), 1359–1374. https://doi.org/10.1177/1362361318818169

Hull, L., Petrides, K. V., & Mandy, W. (2020). The female autism phenotype and camouflaging: A narrative review. Review Journal of Autism and Developmental Disorders, 7, 306–317. https://doi.org/10.1007/s40489-020-00197-9

Lai, M. C., Lombardo, M. V., & Baron-Cohen, S. (2015). Sex/gender differences and autism: Setting the scene for future research. Nature Reviews Neuroscience, 16(10), 567–578. https://doi.org/10.1038/nrn4008

Lai, M. C., Lombardo, M. V., Ruigrok, A. N. V., et al. (2019). Quantifying and exploring camouflaging in men and women with autism. Autism, 23(8), 1877–1886. https://doi.org/10.1177/1362361318800912

Loomes, R., Hull, L., & Mandy, W. (2017). What is the male-to-female ratio in autism spectrum disorder? A systematic review and meta-analysis. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 56(6), 466–474. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2017.03.013

Raymaker, D. M., Teo, A. R., Steckler, N. A., et al. (2020). “Having all of your internal resources exhausted beyond measure”: Defining autistic burnout. Autism in Adulthood, 2(2), 132–143. https://doi.org/10.1089/aut.2019.0079

Robertson, C. E., & Baron-Cohen, S. (2017). Sensory perception in autism. Nature Reviews Neuroscience, 18(11), 671–684. https://doi.org/10.1038/nrn.2017.112

Westwood, H., Mandy, W., Tchanturia, K., & Treasure, J. (2017). Autism spectrum disorder in anorexia nervosa: An updated literature review. European Eating Disorders Review, 25(6), 459–471. https://doi.org/10.1002/erv.2521